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jueves, 16 de diciembre de 2010

PREOCUPANTE ANALISIS PUBLICADO EN LA REVISTA SEMANA DIC 2010

EL PROFESOR BUENA PAPA
POR JULIÁN CUBILLOS
REVISTA SEMANA


Muchos estudiantes, padres y algunos directivos de instituciones educativas parecieran no estar de acuerdo con la reprobación. No se les ocurre pensar que es por el bien del estudiante.

Hace un par de días fueron reveladas las conclusiones del estudio Pisa 2009, presentadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde). Reprobamos. Colombia ocupó el puesto 52, entre 65, en las pruebas de lectura; en habilidades matemáticas quedamos en el puesto 58, y en las habilidades para la ciencia nos ubicamos en el puesto 54. De acuerdo con el estudio, el 47 por ciento de los estudiantes colombianos de 15 años no logra el nivel mínimo adecuado de lectura para desempeñarse en la sociedad –porcentaje en el que sólo el 17 por ciento está asociado con las condiciones socioeconómicas de los jóvenes–.

Hace un par de semanas supimos que el mejor colegio del país, según las pruebas Icfes 2010, es el Liceo Campo David. Un colegio que, si bien es privado, no es nada caro y funciona en una pequeña casa ubicada en una de las localidades más pobres y deprimidas de Bogotá. La fórmula del éxito, sostuvo el rector, ha sido sencillamente: "exigencia, pero con afecto".


Al lado de estos dos recientes hechos, permítaseme ubicar otro, que nada tiene que ver con estadísticas, pero que nunca dejará de presentarse: por estos días, una vez finalizado el semestre académico, no faltarán los estudiantes universitarios que alberguen su habitual desprecio hacia el profesor con quien reprobaron una materia. –Qué desgraciado –exclamarán–. No le costaba nada subirme una décima –olvidando, claro, que la escala de calificación es de cero a cinco, no de cero a tres, y que una décima es la diferencia entre perder y pasar–.


Leídos entre líneas, estos tres hechos deberían suscitar nuestra reflexión en materia de formación educativa (primaria, secundaria y superior). Porque el buen funcionamiento de toda sociedad depende, en gran medida, del buen nivel educativo de todos sus individuos. Y porque –como bien sugiere el rector del Liceo Campo David– la exigencia es el pilar fundamental sobre el que se debe construir todo programa educativo. Es cierto, sí, que los docentes deben esforzarse por propiciar entornos amables y creativos, para que los estudiantes se interesen de la mejor manera por los contenidos. Pero esto no va en detrimento de lo primero: la amabilidad para enseñar y el amor por lo que se enseña no pueden ser sinónimo de laxitud y justificación de la mediocridad.


Muchos estudiantes, padres e, incluso, algunos directivos de instituciones educativas parecieran no estar de acuerdo con la reprobación, una consecuencia inevitable de la exigencia. No se les ocurre pensar que es por el bien del estudiante, que el profesor no celebra este hecho y que, más bien, esto lo lleva a tener que dar muchas y engorrosas explicaciones.


La creencia en que exigir no es necesario es más desconcertante aun cuando es el profesor mismo quien la defiende: los profesores de colegios públicos, principalmente. Ellos tienden a creer que es ya un logro inmenso el hecho mismo de tener al estudiante en clase –ya que dados los problemas socioeconómicos que éste debe sortear, no se le puede pedir más–. Puesto así, pareciera constituir una comprensión contextual por parte del profesor con respecto a su población estudiantil. Pareciera una virtud: un profesor ‘buena papa’. Pero es más bien un vicio. Es una forma de justificar la propia mediocridad y, por qué no, hasta un menosprecio por los estudiantes mismos. Porque tener deficiencia económica no es tener deficiencia mental; más bien, el profesor buena papa no valora el esfuerzo de los padres de estratos bajos por enviar a sus hijos al colegio, el esfuerzo del país.


Más aún, pienso que el profesor buena papa de los colegios públicos es ciertamente artífice de la pobreza mental de las clases menos favorecidas. Esa mentalidad de no obtener las cosas con el propio esfuerzo, de esperar un golpe de suerte para superarse, encuentra en él un inmejorable nicho para reproducirse. Porque la idea según la cual la carencia de educación es causa de pobreza, por más trillada, cobra toda su fuerza en el hecho de que la educación no se agota en contenidos, sino que radica en aprender a ganarse las cosas con verdadero esfuerzo.


Pero dicha creencia no se agota en lo público, también se sostiene en algunas instituciones privadas y por razones igualmente deplorables. Para cuidar el puesto –piensan muchos profesores– tan solo hay que tener contentos a los estudiantes, pasarlos, aun cuando no lo merezcan. Pero, de nuevo, parecen olvidar que los padres que envían a sus hijos a instituciones privadas tampoco lo hacen porque les sobre el dinero, sino porque quieren una educación de calidad para sus hijos. De ahí que, como su homólogo de institución pública, el profesor buena papa de institución privada resulte igualmente deshonesto con su trabajo.


Así es, ser profesor no es fácil –implica, a veces, ganarse el título de ‘mala papa’–. Es una labor que requiere exigir, y para ello hay que tener con qué. No se puede exigir siendo mediocre. No se puede exigir sin fijar reglas transparentes de calificación y sin cambiarlas nunca de espaldas al grupo en general: porque esa falta de transparencia académica –la vieja idea de poder ser un caso especial frente a los demás–, es extrapolada por el estudiante a su comportamiento en general, a su forma de participación política y social. En contraste, si bien la pérdida académica (justa) es inicialmente percibida con desprecio por parte del estudiante, más temprano que tarde terminará agradeciéndola.


De ahí que el jalón de orejas por los bajos rendimientos académicos, más que para los estudiantes, deba ser para los profesores mismos. Porque en lugar de dar el brazo a torcer en cuestiones de exigencia académica, hay que hacerla integral. Si se restringe a materias consideradas como básicas, se está haciendo una lectura parcializada de la educación: la exigencia debe ir desde la educación física hasta las ciencias puras, desde las electivas hasta el núcleo básico de cualquier carrera.


En suma, el profesor buena papa es, por lo general, un pésimo profesor: un completo artífice del subdesarrollo.





Asi piensan los estudiantes Normalistas sobre el consumo de sustancias psicoactivas!!!

“LAS DROGAS  MATAN……. PRODUCEN EFECTOS NOCIVOS EN LA SALUD, EL COMPORTAMIENTO Y LA CONVIVENCIA SOCIAL!”.

“LAS DROGAS PRODUCEN LESIONES GRAVES EN LA PERSONALIDAD: PROVOCAN CAMBIOS FISICOS, EMOCIONALES Y MENTALES EN LOS CONSUMIDORES QUE LOS INCAPACITAN PARA VIVIR EN SOCIEDAD.”

“DIGA NO A LAS DROGAS…..SU USO DAÑA Y LESIONA LA SALUD, LA ESTABILIDAD EMOCIONAL Y LAS RELACIONES PLENAS CON NUESTRA FAMILIA Y AMIGOS. “

“DIGA NO A LAS DROGAS, QUIENES LAS CONSUMEN TIENEN GRAVES ENFRENTAMIENTOS Y PROBLEMAS CON LA FAMILIA, LA PAREJA, LOS AMIGOS Y LA JUSTICIA.”

“DIGA NO A LAS DROGAS…..ELLAS CORROMPEN A LAS PERSONAS, LAS DAÑAN Y LAS LLEVAN A SU PROPIA AUTRODESTRUCCION “.

“DIGA NO A LAS DROGAS…..NO TENGAMOS MIEDO AL DECIR QUE NO, LAS PERSONAS QUE NOS INVITAN O NOS OBLIGAN AL CONSUMO NO SON AMIGOS, SON NUESTROS  PEORES ENEMIGOS.”
LA VIDA NOS PRESENTA MUCHOS RETOS, RETOS QUE SOLO PODEMOS AFRONTAR SI TENEMOS UNA MENTE CLARA Y DECIDIDA,  LIBRE DE DROGAS Y DE TODO AQUELLO QUE HAGA DAÑO A  NUESTRA SALUD”
“EL USO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS NOS MATA, ELLAS SON SOLO UN ESCAPE PARA AFRONTAR LOS PROBLEMAS, PERO NUNCA SON LA SOLUCIÓN A LOS DILEMAS Y CONFLICTOS QUE PODAMOS ENFRENTAR”
“VALORATE, NO CONSUMAS SUSTANCIAS PSICOACTIVAS, ELLAS TE ACABAN COMO SER HUMANO PENSANTE, TE HACEN INFELIZ Y TE HACEN UN SER DESGRACIADO SIN POSIBILIDADES DE VIDA”.

“RECHAZA EL ALCOHOL, EL CIGARRILLO, LOS ALUCINOGENOS, COCAINA, ANFETAMINAS, OPIACEOS, ESTEROIDES ANABOLICOS, INHALANTES…. ELLOS TE ARRUINAN LA VIDA.”

“SI CONOCES A ALGUN COMPAÑERO O COMPAÑERA QUE CONSUME SUSTANCIAS PSICOACTIVAS ACUDE A ALGUNA PERSONA MAYOR DE TU CONFIANZA PARA QUE LO AYUDEN, NO CALLES, SI LO HACES LE HACES UN MAL A TU AMIGO O CONOCIDO”.


La Invitación

LA INVITACIÓN


No me interesa lo que haces para ganarte la vida.
Quiero saber lo que ansías
y si te atreves a soñar en satisfacer el deseo de tu corazón

No me interesa tu edad.
Quiero saber si te arriesgarías a parecer como un tonto
por amor, por tus sueños, por la aventura de estar vivo.

No me interesa cuáles planetas están en armonía con tu luna.
Quiero saber si has tocado el centro de tu pesadumbre,
si las traiciones de la vida te han abierto,
o si te has marchitado y cerrado por el miedo a dolor futuro.
Quiero saber si puedes sentarte con el dolor,
el mío o el tuyo,
sin intentar esconderlo, desvanecerlo o arreglarlo.
Quiero saber si puedes estar con la alegría,
la mía o la tuya.
Si puedes bailar con locura y permitir que el éxtasis te llene
hasta la punta de los dedos.
sin advertirnos que seamos cuidadosos, que seamos realistas,
o que recordemos las limitaciones de los seres humanos.

No me interesa si la historia que me cuentas es verdadera.
Quiero saber si decepcionas a otros para serte fiel a ti mismo,
si puedes soportar la acusación sin traicionar a tu propia alma.
Quiero saber si puedes ser fiel, y por lo tanto ser confiable.
Quiero saber si puedes ver la belleza
aún cuando no sea bella todos los días.
y si puedes originar tu vida desde su presencia.
Quiero saber si puedes vivir con el fracaso,
el tuyo o el mío,
Y no obstante pararte a la orilla del lago y gritarle a la luna "Si"¡

No me interesa saber en dónde vives o cuánto dinero tienes.
Quiero saber si puedes levantarte después de una noche de pesar y desesperación, cansado y golpeado hasta los huesos
y hacer lo que tienes que hacer.

No me interesa quien eres o cómo llegaste a estar aquí.
Quiero saber si te pararás en el centro del fuego conmigo sin rehuir.

No me interesa dónde o qué o con quién has estudiado.
Quiero saber qué es lo que te sustenta desde adentro
cuando todo lo demás desaparece
Quiero saber si puedes estar solo contigo mismo.
Y si verdaderamente te agrada la compañía que buscas
en los momentos vacíos.

                Oriah Mountain Dreamer